miércoles, 18 de junio de 2014

lunes, 9 de junio de 2014

miércoles, 4 de junio de 2014

#CabezaAlCubo domingo 1 junio 2014

Jorge Moch
tumbaburros@yahoo.com
Twitter: @JorgeMoch
¿Qué clase de funcionario es usted?
¿Trabaja usted, o dice hacerlo, en alguno de los muchos niveles de la administración pública?, ¿es usted, en groseros términos, uno de los millones de burócratas que habitan ese kafkiano laberinto de oficinas y jefaturas, comisiones y subsecretarías que aterraría al mismísimo Josef K?
¿Y es usted llamado, aunque sea incapaz de hacer una división con decimales o de leer el párrafo de un ensayo sin que le piquen los dedos para apresar el control remoto de la tele y ver el fut o un programa del estercolero que algunos llaman farándula, “licenciada” o “licenciado” y aunque desde luego lejos haya estado usted jamás de matricularse, ya no digamos llegar a la meta de graduarse en una universidad? ¿Goza usted casi sexualmente el ejercicio de su cuotita de poder aunque sea infinitesimal? ¿Siente mariposas en el estómago cuando a su vez ve venir a su propio inmediato superior “licenciado” por el pasillo de la oficina?
Y en la oficina, ¿se droga usted a escondidas con “activo”? ¿También mastica la estopita o prefiere papel de baño? ¿Está bueno el agarrón? ¿Le llevan coca a escondidas?
¿Usa la computadora para elaborar informes y síntesis informativas (para que a su vez el licenciado o la licenciada no tengan que leer párrafos completos y se pongan bizcos de aburrimiento) o para jugar SolitarioAngry birds o, más llanero y carnal, para ver pornografía?
¿Le pagamos los ciudadanos y contribuyentes del país, además del sueldazo (o merecida compensación, remuneración adecuada, lo que sea que evita en usted retirarse, como con inusitada jovialidad sentenció Nietzsche en una carta a su querido Erwin Rohde en la Basilea de 1874, “a la más desvergonzada existencia individual, miserablemente sencilla, pero digna”), alguna prodigalidad que quisiera confesarnos, quizá un auto de lujo, un relojazo de a millón, una casa como un palacio, el yate del que ya se arrepintió, un racimo de viajes a Las Vegas (o, como es usted más culto que otros, a Nueva York), las tetas de silicón de su amante, el botox de su insoportable señora, el bypass gástrico de su tripudo señor esposo, los implantes capilares de su maestro de tenis? Cuente, ande. Díganos si se abanica con billetes de quinientos a manera de inocente broma de niño rico pendejo y luego humildemente renuncia a su puesto público, ganado a pulso en el concurso de yúniors mamones que imperan en la sociedad mexicana, para volver alegremente a su negocio familiar. Todos simpatizaremos con su generosa franqueza y no faltará nunca el de hundida autoestima que le buscará el saludo cuando entre usted, con ese inconfundible aire de gerifalte con que traspone el umbral de su restaurante favorito, de su casino preferido, de la cafetería del club deportivo y le seguirá diciendo “licenciado”, con la esperanza de que ante un eventual regreso al erario se acuerde usted de él.
¿Es usted elegante, bien plantado, mejor vestida?, ¿gusta de ropas finas y tiene buen gusto en accesorios que sería una verdadera pena esconder nomás porque es usted representante de una presunta (puro montaje electorero, claro está, pero hay que hacer el circo para el que se nos paga, ¿verdad?) Cruzada contra el hambre? (¿ya vio usted?, no contra el analfabetismo, la explosión demográfica, la tuberculosis, el sida, los embarazos adolescentes, simplemente la obesidad o el analfabetismo, si usted misma(o) es analfabeta funcional: contra el hambre, deliciosamente ambigua, históricamente variopinta y vagamente sinonímica de miseria, pobreza, votos en venta, ¡qué afortunado maridaje de mercadotecnia y política!) y en esa cruzada, decíamos, suele abundar el peladaje que ni idea puede tener de cuántos  miles de pesos cuesta ese chaleco, ese maravilloso par de zapatos, ese ajustado vestido que la hace sentirse tan Yenni Rivera a la hora de posar con esos pelados para la foto que a ellos, bien sabemos, no les va a quitar el hambre pero a usted, mañana que se vea en la tele, qué bonito le va a inflar el ego…
Pero póngase abusado, sea cauta: hay mucho cabrón rencoroso en este país, entre sus subalternos hay falsos lambiscones, compañeros traidores que no dudarán un instante en capturarlo con una cámara de cinco megapixeles para convertirle, por ese inusitado, desgraciado desliz, en la sensación semanal de internet y en un requiebro fatal hasta de los medios de veras, para hacer de su carne escarnio y de su infortunio gozo de los ardidos sociales, que forzarán su pase a la posteridad con apodos comoLady SedesolMirrey Abanico o Lady Salchicha.

#lakuasiresistencia martes 03/06/14

jueves, 29 de mayo de 2014

#cabezaalcubo domingo 25/05/14

Jorge Moch
tumbaburros@yahoo.com
Twitter: @JorgeMoch
Rumorología venenosa
Para S y G
Internet ha logrado mantenerse, a pesar del recelo de no pocos poderes fácticos, como un espacio libre y plural aunque espiado hasta el hartazgo. Esto no deja sin claroscuros ese ámbito tan vivo, habitado por todas las expresiones de las que somos factibles autores. Lo mismo se propala información periodística que pornografía. Circulan con la misma facilidad credos religiosos o ideológicos válidos que las expresiones más ruines del odio. Por eso es democrática, porque admite todas las expresiones, aun aquellas que puedan parecernos lamentables; algunas cosas que se publican sin problema en algunos países son ilegales en otros. El asunto es peliagudo porque por mucho que uno esté en desacuerdo con lo que alguien publica en internet, deberá reconocer su derecho a decir lo que le dé la gana, como en la frase erróneamente atribuida a Voltaire por su biógrafa británica, la escritora Beatrice Hall, aquella de defender hasta la muerte el derecho del otro a decir algo. La multiplicidad de puntos de vista ha relativizado algunos autoritarismos mediáticos, como el caso de China o Cuba, pero también el de Estados Unidos con su fisgoneo mundial.
Entre los ciudadanos la red puede ser un dolor de muelas: en internet hay mucho veneno. La cosa es mantener alguna ecuanimidad para poder filtrar información valiosa –o simplemente divertida– de lo que es basura. El troleo es un buen ejemplo del uso cuestionable de internet, porque es simple acoso, hostigamiento. Personalmente, y aunque quien esto escribe también ha llegado con sus imprecaciones a convertirse en troll (por ejemplo, cada que pregunto, llamándolomiserable, al senador panista Javier Lozano Alarcón a cómo amaneció cotizando el gramo de dignidad), no creo en el troleo como una forma de interlocución. El rumor malintencionado también es una práctica en internet para convertir a la red en herramienta de manipulación mediática y social con motivos en México naturalmente ligados a alguna clase de politiquería. Quizá las instituciones que más acusan embates de este tipo sean las universidades públicas. Circula desde hace un par de años –hace poco recibí la versión “actualizada” de la misma porquería– una carta en verso (en pésimo verso, debo insistir) que intenta denostar a la UNAM, llamándola “puta de cien años”.
Me llamó la atención, por ejemplo, la cuidadosa diseminación del rumor que acusaba a la rectora de la Universidad Veracruzana (UV) de avalar actos represivos, de presunta venganza o alguna paparrucha parecida dirigida a alumnos de esa casa de estudios que hubieran participado en la pública megamentada de madre del pasado diez de mayo que ya comentamos en este mismo espacio la semana pasada. El rumor se deslizó con agilidad y sincronía evidentemente calculados: un día después del día del maestro, en un fin de semana en que la UV se encontraba en pleno cierre de su Feria del Libro, usando medios electrónicos de poco impacto pero con alguna cantidad de lectores en el estado de Veracruz. Medios, por cierto, según indagué, con los que la UV no ha suscrito contratos publicitarios. Quince alumnos fantasmagóricos –en las presuntas versiones de prensa una alumna llamada “Sofía” solamente así, sin apellido ni matrícula, aparecía como portavoz–acusaban el supuesto castigo en diversas facultades. No pocos usuarios de redes sociales se hicieron eco, previsiblemente indignados ante lo que parecía un acto de servilismo de la rectoría, y bañaron a la rectora en una cauda irrepetible de insultos muchas veces de vulgaridad y violencia innecesarias. El hecho era falso, pero el daño mediático empezaba a crecer, quizá buscando impactar en medios nacionales.
Lo burdo de la campaña misma hizo que se viniera abajo como obra de Pirro. Un boletín de la universidad dejó claro que no hay tal cosa como expulsiones por la opinión política (o por su insolencia) del alumnado y enfatizó lo obvio: una virtud de la universidad pública es la salvaguarda –y el incentivo– de la opinión personal, la genuina libertad de expresar las ideas propias.
Queda preguntar a quién beneficia golpear con artera guerra sucia a la universidad pública. Si se trata de un asunto de caciquismo local o es parte de algo más grande, trasnacional. Como sea, el rumor venenoso va a seguir allí, reptando, acechante, porque los caguetas que lo disparan difícilmente dan la cara y no soportan, con ese endeble andamiaje moral con que pretenden sostenerse, el mínimo embate de una verdad. O del diálogo: los cobardes no dialogan.

lunes, 19 de mayo de 2014

#CabezaAlCubo domingo 18/05/14

Jorge Moch
tumbaburros@yahoo.com
Twitter: @JorgeMoch
Cavilaciones en torno a una mentada de madre
(con ayuda del Tata Monsiváis cuya ausencia
tanto seguimos llorando)

Se dice que las mentadas son como llamadas a misa y hace caso el que quiere. Pero aunque nos digamos indiferentes, una mentada de madre muchas veces hace hervir la sangre. No pocos mexicanos, en algún momento de la vida, nos hemos batido a trompadas por una. Hay quien, considerándola mayor mancilla, ha matado al atrevido: “¿Por qué lo mataste?... Porque me mentó la madre”. La ofensa a la madre en México, la peor ofensa para el hijo, mandarlo  “a chingarla”,  tiene raíces que se hunden lo mismo en el mestizaje español que en tierra prehispánica. No por nada uno de los pilares de la catequización cristiana de los conquistadores fue, precisamente, la figura de la madre. No podemos ni sabemos sentirnos más ofendidos o insultantes que cuando nos dicen que vayamos o le decimos a alguien se vaya a chingar a su madre. Aunque la cosa se matiza según la geografía –en el Veracruz de mi infancia le decíamos chingatumadre a cualquier cosa, y mudar a la correctísima Guadalajara en el verano de 1978 supuso el encontronazo cultural entre el tropical y relajado sureste y aquel occidente devoto en que no se toleraban, según me hizo saber a ladridos un iracundo maestro de español del colegio salesiano en que tuve el infortunio de ser inscrito al llegar, las palabras “altisonantes”–, en términos generales gritar una mentada de madre implica al menos la inmediatez de un desafío. Hacerlo colectivamente, en multitud a una figura de autoridad, ha de ser lo más cercano a una postmoderna, desesperada revolución desarmada. Una evidente demostración de inconformidad y hartazgo. Un canto de bronca. La más clara y contundente señal de desprecio y si no, al menos un quizá proporcional vector de antagonismo al homenaje cotidiano de la cortesanía pública ante el poderoso, al fin revancha, una mentada multitudinaria, además de romper un récord mundial de Guiness, como la que en aquella misma Guadalajara le zamparon cinco mil almas al exgobernador de Jalisco de infame recuerdo, el panista Emilio González a mediados de 2012, es para hacer ruido, una momentánea huella en el lodo, los rayones a la pintura del carrazo del señor que, como señala Monsiváis en “¿Qué le vamos a tocar, mi jefe?” (Apocalipstick, Debate, México 2009): “… en su conjunto una sola gigantesca mentada de madre contra las pretensiones de la aristocracia del silencio, en sus mansiones a prueba de mentadas de madre, en su universo de paredes de corcho, en sus condominios de lujo que son celdas de derroche”. Ya desde 1977 el mismo Monsiváis decretaba enAmor perdido (Era): “Después de Tlatelolco, en los ghettos universitarios la 'leperada' ‘’adquiere carta de naturalización: se la otorgan, entre otros factores, la ambición de agregarle autenticidad al lenguaje”, o como es el caso, a la protesta, a la presencia del yo en esa muchedumbre de enojos y abiertos desafíos impensable en solitario porque los mexicanos, salvo esas excepciones que luego vemos crucificadas (y a las que vamos corriendo a pegar un martillazo al clavo, nomás porque sí, porque si ése pudo yo por qué no) –allí, recientemente el polémico líder de las autodefensas originales en Michoacán, José Manuel Mireles– somos más valientes en cardumen que en la solitaria estepa: somos cobardes, o cobardes nos volvieron décadas de traición institucional al propio discurso reivindicador de una sociedad que se flagela a sí misma hasta la demencial colectivización del martirio inútil y la resignación más lacerante. Entonces, en la multitud, el enardecimiento multiplicado sintetiza el desplante: chingas a tu madre. Una de cal por las de arena. La  multitudinaria mentada de madre al presidente Peña en las redes sociales el 10 de mayo, agudo pleonasmo de la efervescencia social que nos signa, fue la más reciente muestra de la válvula de escape, aunque en las mismas redes no faltaron los corifeos del sistema, pagados o no, que la desestimaron o se burlaron, a su vez, de la supermentada que, a pesar de los denodados esfuerzos de núcleos de ciberactivismo afectos o empleados del régimen para “tirar” la iniciativa en redes, fue trending topic internacional el día de las madres y nacional hasta el día siguiente.
Aunque al parecer nadie tuvo en cuenta, naturalmente, los heridos sentimientos de la desafortunada madre del presidente que no dudo, al menos por un rato, debió de lamentar los “éxitos” de su retoño como una de las encarnaciones lacrimógenas de aquella Libertad Lamarque que fue la apoteosis de la madre que llora al hijo… por sus mentadas.

lakuasiresistencia 17/05/14



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