miércoles, 8 de mayo de 2013

CABEZA AL CUBO domingo 5 de mayo 2013

Jorge Moch tumbaburros@yahoo.com Twitter: @JorgeMoch
¿Reporteros o halcones?
Dicta el canon que no debo empezar una columna haciendo preguntas, pero ¿no están ustedes hartos de que Televisa y TV Azteca en su quehacer malsano de vocería gubernamental inviertan tanto dinero, tiempo y esfuerzo en manejarnos la  opinión?, ¿no estamos muchísimos mexicanos hasta el cepillo de tanta omisión tramposa, de tanta ruinosa mentira siempre con el sesgo de la disculpa a la pandilla de rateros que dicen gobernar este país? Tratando de poner generosamente aparte elencos y equipos de producción de bazofias como telenovelas y programas de concursos o telerrealidad, aunque allí también exhiben las televisoras su desprecio por el libre albedrío del público mexicano (para muestra de manipulación del ideario colectivo, este video donde dos actricillas pretenden, en diálogo acartonado y sobreactuado, dejarnos claro lo beneficiosas que nos han de resultar las privatizaciones a lo pendejo) cada vez queda más claro –si alguna duda hubo– que las grandes testas del duopolio televisivo están habitadas por verdaderos patanes. Quién sabe si las cúpulas sean igual, pero por lo pronto sus contingentes de informadores, conductores y seudorreporteros suelen ser auténticos gañanes que con el gafete de periodista y una constante exhibición de prepotencia –y su consecuente dosis de impunidad– recuerdan a los insufribles judiciales de los años setenta, arbitrarios hasta el carajo, siempre con la charola en ristre y el desprecio a flor de hocico.
Es absurdo y vergonzante que un periodista se comporte como si fuera policía o soldado de dictadura. Televisa y sus empleados e imitadores llevan décadas retorciendo el concepto de periodismo televisivo porque eran dueños únicos de cámaras y espectro radioeléctrico (que al menos en la teoría sigue siendo tan tuyo o mío como de Azcárraga…) pero hoy que todos tenemos en la calle una cámara y una conexión a internet, la herramienta de que se valen las televisoras para construir esa complicidad imbécil con el poder, el video, se vuelve en su contra para desnudar la tesitura moral de sus propios alecuijes. Y me refiero en concreto a esa panda de infelices que se apersonaron el 26 de abril, presuntamente para cubrir el conflicto provocado en la torre de la Rectoría de la UNAM, “tomada” por un grupo de supuestos estudiantes para exigir cumplimiento a un pliego de demandas. Se trata del momento en que un camarógrafo de Televisa, despojado del uniforme de la empresa, se disfrazó de presunto activista: camisola de tipo militar con camuflaje, pasamontañas, pañuelo y lentes oscuros para ocultar el rostro, y que, ahora dicen que de manera juguetona, uno de sus contlapaches, ese sí con la chamarra y el logo de Televisa, condujera una presuntamente falsa entrevista en la que, haciendo mofa de los activistas, pide cigarros y cervezas como condición para desalojar Rectoría. A cuadro se ve que otros reporteros de otras casas –destaca un risueño gordo con chamarra de TV Azteca– celebran sus gracejadas… hasta que los sorprenden los verdaderos activistas y se arma la rebambaramba (aquí el video de la secuencia completa publicado en internet por Aristegui Noticias). Luego los mismos patanes, al verse rodeados por activistas francamente encabronados, se ponen altaneros (acá otro segmento) sólo para ser presionados, insultados y finalmente, luego de algunos manotazos, largarse de allí con gesto digno y la soberbia machucada. Imagino que después, en los noticieros de la empresa, se dijeron atacados por una turba (hace mucho que no los sintonizo porque me vomito).
Al margen de si están aburridos esperando la nota o si están en desacuerdo con los paristas que tienen tomadas las instalaciones, no es ni su deber ni virtud ninguna mofarse o tratar de infiltrarse en las filas de los activistas. Quizá esa era la idea, defenestrar la imagen de los activistas, hacer el juego sucio al poder que ve con asco y temor las manifestaciones de exasperación, que suelen ser poco tersas, de la sociedad.
O quizá se trataba de simples miñones de Gobernación que cobran paga en doble ventanilla y fueron descubiertos.
Mientras, el país se desmorona y pudre, y las televisoras siguen metiendo impunemente quintales de mierda a las casas de la gran familia mexicana.

martes, 30 de abril de 2013

CABEZA AL CUBO domingo 28 de abril 2013


Jorge Moch
tumbaburros@yahoo.com
Twitter: @JorgeMoch
La estulticia tiene curul (II Y ÚLTIMA)
Hay muchos que estudian para ignorar
Sor Juana Ines de la Cruz
En México a diario la realidad cruda reitera que la estulticia, la indolencia de seso y la abulia intelectual, si tienen curul tienen futuro promisorio: venideros nombramientos, porvenires venturosos en negocios, legados patrimoniales y acumulación descarada y desmedida de riquezas y más poder. El que no tiene futuro, pobrecillo, es el resto del país.
Un diputado debería ser un ciudadano ejemplar y de preferencia culto. Pero históricamente las legislaturas han albergado a personeros del poder y del pragmatismo –hasta verdaderos grupos de choque o delincuentes arropados con esa aberración jurídica que es el fuero federal– y sólo en muy raras ocasiones gente realmente capaz de legislar. Para legislar hay que conocer, saber, informarse y tener una muy desarrollada capacidad de discernimiento además de habilidades cognitivas. Pocas cosas abonan en esas virtudes como leer, leer mucho. Los legisladores en México, en su inmensa mayoría, suelen ser, en cambio y en el mejor de los casos, lectores de ocasión y coyuntura, que no amantes de los libros y, en los libros, aún menos de lo que sea narrativa, poesía, ensayo literario o ya no digamos filosófico; son lectores indolentes, mediocres, muchos antilectores y hasta analfabetas funcionales. Pero son diputados y viven como reyezuelos, cobrando cientos de miles de pesos por cabeza.
El video que mencionaba esta columna hace una semana (youtube.com/watch?v= XtujMi9XPdY) exhibe una muestra de esos diputados chambones, incultos, que tratan de echar rollo para aparentar que leen, aunque si se los acorrala con la petición de que nombren tres libros que marcaron su vida, invariablemente salen a flote la estulticia, la ignorancia y la apatía que los caracteriza para desgracia de toda la perrada que no tenemos curul.
Allí el caso, por ejemplo, de Lázara Nelly González Aguilar, diputada panista (ya antes fue senadora) por Tamaulipas, quien a pregunta expresa sobre las lecturas que dejaron huella en su vida bromea que ella “no va a salir como Peña Nieto, ¿verdá?” (en alusión al vergonzoso episodio en que el entonces candidato priísta demostró, en Plena Feria Internacional del Libro de Guadalajara, que no lee)… pero sale igual o peor, argumentando que apenas ha leído “cosas de política” y, cuando estaba en la universidad (es egresada de la Universidad Autónoma de Nuevo León) si acaso leía su libro de derecho.
O qué tal la perredista Roxana Luna Porquillo, diputada por Puebla, quien evidenciando que la incomoda la pregunta logra hilvanar una respuesta y citar tres libros: México mutilado, sin mencionar a su autor, Francisco Martín Moreno, La metamorfosis, de… “Fran… ¿Ka?”, y, cacofónica hasta barrerse en homeEl diario de Ana Frank. Bueno, digamos que medio sale del atolladero.
La que parece encarnar sin menoscabo la frase de Sor Juana que hace epígrafe de esta columna hoy es la priísta diputada por el estado de México, Leticia Calderón Ramírez, quien se jacta a cuadro de haber leído Juan Salvador Gaviota y después haber tenido “la oportunidad”, dice, de haber leído esa joya de la farmacopea del éxito para yuppies que supone ¿Quién se robó mi queso?
El priísta Hugo Mauricio Pérez Anzueto exhibe un fervor belicoso: dice al entrevistador, con aplomo, “la Biblia, ¿eh?”, y en la interjección endurece el semblante, como diciendo: y búrlate, hereje… Y cita, para remachar sus cristianos clavos, que suele acudir a “un libro delicioso”: La fe de Jesús. Si siquiera hubiera completado el triduo con el Catecismo, de Ripalda…
Otro priísta, Salvador Arellano, de plano se va por las ramas y afirma chabacano: “Fíjate que en este tema soy un ciudadano, que sí me gusta leer… pero no leo exactamente autores” (ni libros, adivina este picateclas), y desde luego omite nombres o títulos.
Ausentes en el ideario diputacional Fuentes, Paz, Novo, Monsiváis, Rulfo, Arreola o Díaz Mirón. Ni de lejos Cervantes, Cortázar, Neruda…Y cuando leen, los diputados se vuelven de temer. Como Chris López Alvarado, priísta y tijuanense, quien cita de inmediato, como libros que signaron su vida, El arte de la guerra, de Sun Tzu;  El príncipe, de Nicolás Maquiavelo… y un libro “regional” de… matemáticas. En una de ésas suelta que Mein Kampf
Este es, en apretado resumen, el muestrario de lo que leen quienes promulgan las leyes en México, quienes quizá voten el iva a los libros que al cabo nunca van a leer.
Ría conmigo, o lloremos juntos. Y si como este columnista, es usted escritor, vaya considerando el autoexilio. O un muy digno suicidio.

lunes, 22 de abril de 2013

CABEZA AL CUBO domingo 21/abril/2013


Jorge Moch
tumbaburros@yahoo.com
Twitter: @JorgeMoch
La estulticia tiene curul (I DE II)
No sé si reír o llorar con el video que Humberto Musacchio me pasó por correo y que se puede ver en youtube.com/watch?v= XtujMi9XPdY. Tiene cortinilla del portal de noticias y comentarios deADN Político (adnpolitico.com) y se titula Diputados no saben sus tres libros favoritos: una colección de cortes de entrevistas hechas a poco más de media docena de diputados de la actual legislatura, delPRI, del PAN y del PRD, a los que se pregunta el título –como aquella infausta ocasión en que Enrique Peña Nieto siendo virtual candidato hubo de exhibir una supina ignorancia libresca en plena Feria Internacional del Libro de Guadalajara–, de tres libros que importan en sus vidas. Como el hoy presidente, la muestra de legisladores hace evidente que la lectura, actividad primordial para el desarrollo de alguna capacidad de discernimiento, está prácticamente ausente de sus vidas. Caramba, lo bien que le puede ir a uno en este país –puesto público, canonjías, dieta abundosa, guaruras y choferes, autos de lujo, viajes, seguro médico y dental, y además de fuero y sueldazo los más jugosos bonos que se pueda imaginar y así–, aunque sea uno analfabeta funcional, fanático fundamentalista o estar en la escala de la evolución apenas un peldaño arriba del más cateto de los antropopitecos. Basta colarse a una curul. El video inicia con la petición idéntica para cada uno: “Menciona tres libros que marcaron tu vida.” Las respuestas son un muestrario de estupidez, de mediocridad y hasta de fanatismo religioso, que no de cultura. Ni siquiera de una medianita capacidad de lectura de comprensión, o de mnemotecnia pueril: varias de las respuestas equivocan títulos o autores, son buscapiés, cola a ver si pega y evitar la peliaguda dificultad de la cita exacta.
Destaca para empezar Darío Zacarías Capuchino, exmunícipe de Acolman y representante, al menos en actas, de los votantes del distrito electoral cuya cabecera es Otumba, en el estado de México. Dice estar leyendo El principitoaunque desde luego ni el intento hace de pronunciar el nombre del autor. Su segundo libro favorito, del que afirma con enjundia “compartir muchas cosas que enseña” es… la Biblia. El tercero, después del catecúmeno desbarro, ya ni lo menciona. Saint-Ex seguramente dio una violenta vuelta en su tumba, allá en el fondo del mar.
La segunda antilectora, y única de la triste muestra que es incapaz de citar un solo título, aunque fuese la tan manoseada Biblia, es la también priísta Maricruz Cruz Morales, quien ya había sido diputada federal antes, en la lviii legislatura (esta vez Madero es el que se ha de estar revolcando en la tumba, por aquello de la no reelección). Doña Maricruz se tira a cuadro un patético, para decirlo en vernáculo,choro con el que pretende evitar tener que decir un título o un autor. “O te dedicas a ser dirigente social, o te dedicas a hacer propuestas, o te dedicas a leer”, dice convencidísima de que tiene todo el derecho a ser legisladora sin tener que abrir un libro. Luego se lo piensa y dice que le interesan sobremanera los que “se refieren a la Historia de este país”. Afirma que ha leído “varios, poco de muchos, una gran combinación…” pero sin un título que valga. Es, por cierto, una de los veintisiete legisladores priístas (e insisto, segunda vez al bate) que no tienen título universitario.
El tercero es una joya, el panista Francisco Pelayo Covarrubias, conocido en Baja California como “Pancho Pelayo”, promotor de una ley que acote el anonimato en las redes sociales para, aduce, “evitar la difamación”. Pelayo es señalado por el semanario tijuanense Zeta de enriquecimiento inexplicable a la sombra de su tío… el gobernador. Ahora flamante diputado, Pelayo, afirma campechano:  “No soy una persona muy afecta a la lectura.” Y de plano de los libros dice:  “no recuerdo los títulos, pero tengo por ahí alguno…”
¿Esos son algunos de los analfabetos funcionales que votan reformas educativas? Sí, quizá por ello sin cuestionarlas. ¿Esos son los oligarcas y medieros que legislan sobre el trabajo de los mexicanos?, pues claro, porque difícilmente han sudado un despido en su pinche vida. Son en su mayoría criaturas mediáticas, infladas con campañas publicitarias a su vez alimentadas con dinero sucio, casi siempre chupado con el popote de la corrupción. Por eso votan lo que les mandan sin chistar, o promueven censura y represión.
Decía Teresa de Ávila:  “Lee y conducirás, no leas y serás conducido”, y a nosotros nos conduce un hato de bestias. Y es culpa nuestra.

jueves, 21 de marzo de 2013

CABEZA AL CUBO DOMINGO 17/MARZO/2013


Jorge Moch
tumbaburros@yahoo.com
Twitter: @JorgeMoch
De violencia y muerte
Desde hace casi cuarenta años –tengo varios más– he tenido contacto con la violencia brutal en México. Crecí en un sistema podrido, patriarcal, misógino como sólo puede ser un colegio de curas. Fui víctima y victimario de hostigamiento y agresión, eso que ahora afectadamente llamamos bullying. La escuela era más bien jungla violenta que templo de conocimientos. Hasta los maestros nos pegaban. A los doce años vi en Veracruz mi primer baleado en primera fila, el instante preciso en que un líder estudiantil salió corriendo de su auto mientras un tipo le vaciaba en la espalda el cargador de una metralleta. Recuerdo su silueta moviéndose como si convulsionara, y el estruendo terrible rebotando en los edificios, el silencio inmediato, luego los gritos, los rechinidos de llantas. A los diecisiete vi a policías judiciales masacrar a tres albañiles: el momento terrible en que el pecho de uno de ellos estallaba con algo parecido a una nube de polvo. He visto muertos por la otra violencia, la del desamparo y la indiferencia, de hambre y de frío. Me tocó levantar algunos en la sierra Tarahumara. Ese episodio terrible lo conté en mi primera novela. También he sido encañonado. Vi cuando la temible banda de el Pollo en Guadalajara asaltaba un banco. Poco después lo mataron. También vi el momento, desde la acera de enfrente, en que cuatro fulanos secuestraron a un señor gordo y mayor en la avenida Homero, en una de las “mejores” zonas de la perla tapatía.
Vi campales en estadios y calles con descalabrados y mucha sangre. Logré evitar en dos ocasiones el asalto, una en Guadalajara, la otra en Ciudad de México. He sufrido en mi vida al menos seis robos a mi casa. Nunca fueron hallados culpables ni recuperadas mis cosas. Como a millones de mexicanos, me han robado, amenazado y estafado. Por décadas. Ni uno solo de los perpetradores ha pisado la cárcel. Conozco víctimas de secuestro y madres que lloran hijos desaparecidos. Sé de casos de hijas que parecen esfumarse y un día aparecen golpeadas, violadas, usadas y desechadas. Pero lo peor de todo han sido los amigos y conocidos que han sido asesinados. Ya he mencionado a algunos. Hoy me veo obligado a rememorar.
A Carlos lo levantaron después de mediar en un pleito de discoteca. Amaneció encajuelado en su coche, con dos tiros en la cabeza, amarrado con alambre y un papelito cobardemente anónimo desde luego, que rezaba el ahora conocido hasta el aburrimiento “pa’ que aprenda a respetar”. Lo mató el hijo de un narco, dicen. Al hermano de Alejandro lo cosieron a balazos mientras mostraba un auto que iba a vender. El objetivo era su cliente, pero de todos modos los cuernos de chivo se lo llevaron entre las pezuñas. Al Gato lo secuestraron cuando tenía quince años. Su familia pagó el rescate pero de todos modos sus captores lo asesinaron. Al hermano de Gerardo lo detuvieron unos presuntos judiciales y luego apareció en una cuneta con el tiro de gracia. Al novio de Georgina lo asesinó de un tiro en la espalda un policía en plena plaza de Tapalpa. Al hermano de Nora lo ejecutaron sus socios. A mi tío Gerardo lo mataron en Ciudad Juárez los sicarios del gobierno –hay quien dice que fue uno de los compinches del entonces procurador, Álvarez del Castillo– y lo tiraron, desnudo y envuelto en un tapete, frente a la casa de Joaquín Hernández Galicia. Con ese asesinato Salinas se coronó presidente. Yo tuve que decirle a mi madre que acababan de asesinar a su hermano. Es una mujer muy fuerte y nunca antes la había visto derrumbarse. Los verdaderos asesinos de mi tío tampoco pisaron la cárcel. Son ricos. Poderosos. Impunes.
He presenciado, como tantos de nosotros, la degradación violenta de un país traducida en decenas de miles de muertos y desaparecidos. Un plan de exterminio quizá no hubiera dado tan eficientes resultados. Hace una semana asesinaron en Guadalajara a Chuchín Gallegos. Recién había sido nombrado secretario de Turismo de Jalisco. No fuimos íntimos pero sí fuimos buenos cuates en la prepa. Su asesinato da rabia, pero también tristeza.
Mientras México sigue siendo un moridero, la mayoría de los medios cantan loas al gobierno, golpean a sus opositores, distraen. Son tan cómplices de la violencia como los que la ejercitan. Hay estados como Veracruz y Tamaulipas donde ser periodista es casi acto suicida.
Y mientras nada cambia, los funcionarios de turno seguirán llenándose los bolsillos de dinero y los hocicos de demagogia. Y algunos seguiremos haciendo recuentos necrológicos y obituarios que nadie pidió.

ESTO ME OCURRIÓ EL DÍA DE HOY 21/03/2013

Espero que lo escuchen y saquen sus conclusiones, por mi parte ya las di y gracias, se recibe de todo, así que adelante.



viernes, 15 de marzo de 2013

COMUNICATE CON ZELLO

Este 18 de marzo y durante estos días van a salir marchas en contra de la privatización de pemex y conociendo que se necesita de mucha información y con la garantía de lo ocurrido el 1ro. de julio les recomiendo que bajen este programa a cualquier dispositivo donde tengan internet y abran su cuenta es como tener un nextel y cuando ay tengna su cuenta agregan este canal PEMEXnoseVENDE ahi estaremos informando y posiblementeRadioamlo Medio Alternativo en sus horarios estara pasando al aire esta información al instante de su llamada http://zello.com/tomenlo en cuenta...