lunes, 3 de junio de 2013
jueves, 16 de mayo de 2013
CABEZA AL CUBO domingo 12/mayo/2013
Obama o la carabina de Ambrosio
Allá en la cloaca de la política hay quienes piensan que están en la cima. Y que la visita del presidente de Estados Unidos supone, para ponerlo en telenovelescos términos que le vienen bien al que le queda el saco, “alcanzar una estrella”. Y significó, claro, la enormidad urbana del operativo: diseminar con impecable logística de guerra un hormiguero de miñones armados hasta el colodrillo, algunos disimulados, otros de uniforme, porque los bichos peligrosos desde el color avisan: por aquí no se pasa, y aquello del “libre tránsito” y parecidas argucias con que la gente insensata se quiere pensar emancipada, quedó convenientemente cancelado. Y hubo pues el cierre de calles y avenidas, la prohibición de acercarse uno a determinados espacios públicos y mejor camínele por allá, joven, porque estas calles ya no son suyas ni mías, sino del gringo. Y hasta se cerró, con terribles afectaciones para decenas de miles de personas, el aeropuerto más grande del país, para que un solo ser humano se subiera tranquilamente a su propio, enorme, desmesurado avionsote, porque a pesar de ser dueño de uno de los más terribles arsenales nucleares del planeta, y a pesar de tener a su servicio millones de asesinos entrenados, y a pesar de ser el gran devastador de naciones enteras y de tener el control de drones robóticos de destrucción masiva, y a pesar también de vivir rodeado de una cohorte de espías y expertos en combate y maniobras de evasión, es un hombrecito que vive aterrado, como suelen vivir todos estos hombrecitos que dicen gobernar. Y los medios en México, fíjate, Televisa y TV Azteca, enloquecieron, ruidosos como guacamayas, y desde la crónica exaltada micrófono en mano hasta el cejijunto análisis con voz grave y corbata calada, desgranando frases ya antes repetidas hasta la náusea, como “el mayor socio comercial” o “la frontera más amplia y transitada del continente y del mundo” y llenándose los hocicos con frases de la utilería coyuntural, como “balanza comercial”, nos dijeron todo lo que se dijo: que Obama vino a cantar elogios.
Allá en la cloaca de la política hay quienes piensan que están en la cima. Y que la visita del presidente de Estados Unidos supone, para ponerlo en telenovelescos términos que le vienen bien al que le queda el saco, “alcanzar una estrella”. Y significó, claro, la enormidad urbana del operativo: diseminar con impecable logística de guerra un hormiguero de miñones armados hasta el colodrillo, algunos disimulados, otros de uniforme, porque los bichos peligrosos desde el color avisan: por aquí no se pasa, y aquello del “libre tránsito” y parecidas argucias con que la gente insensata se quiere pensar emancipada, quedó convenientemente cancelado. Y hubo pues el cierre de calles y avenidas, la prohibición de acercarse uno a determinados espacios públicos y mejor camínele por allá, joven, porque estas calles ya no son suyas ni mías, sino del gringo. Y hasta se cerró, con terribles afectaciones para decenas de miles de personas, el aeropuerto más grande del país, para que un solo ser humano se subiera tranquilamente a su propio, enorme, desmesurado avionsote, porque a pesar de ser dueño de uno de los más terribles arsenales nucleares del planeta, y a pesar de tener a su servicio millones de asesinos entrenados, y a pesar de ser el gran devastador de naciones enteras y de tener el control de drones robóticos de destrucción masiva, y a pesar también de vivir rodeado de una cohorte de espías y expertos en combate y maniobras de evasión, es un hombrecito que vive aterrado, como suelen vivir todos estos hombrecitos que dicen gobernar. Y los medios en México, fíjate, Televisa y TV Azteca, enloquecieron, ruidosos como guacamayas, y desde la crónica exaltada micrófono en mano hasta el cejijunto análisis con voz grave y corbata calada, desgranando frases ya antes repetidas hasta la náusea, como “el mayor socio comercial” o “la frontera más amplia y transitada del continente y del mundo” y llenándose los hocicos con frases de la utilería coyuntural, como “balanza comercial”, nos dijeron todo lo que se dijo: que Obama vino a cantar elogios.
Pero nada más. Por más que se desgañitaron los
histéricos locutores televisivos, por más que las vocerías del gobierno
repitieron cada palabra o intentaron crear un aura de misterio a las
conversaciones a puerta cerrada, nada más. A pesar de que el gringo se
aventuró a citar a Juárez o a hacer un aguado actito de contrición por
la cantidad de armas que los suyos nos meten para que nos matemos,
nada. A pesar de que hasta se atrevió, condescendiente y magnífico, a
tirar la migaja del discurso sobre la tan manoseada reforma
migratoria, nada más. Porque las armas van a seguir metiéndose para que
nos sigamos matando. Y Estados Unidos va a seguir haciendo cuanto
chanchullo se le ocurra para chingarnos el petróleo y embucharnos su gas
y su gasolina carísimos, que en realidad eran los nuestros, pero
bueno. Y Estados Unidos va a seguir propiciando el perfil racial y la
persecución, la negación de derechos elementales a los migrantes, y va a
porfiar en prácticas deleznables como la deportación, por decenas de
miles, de niños solos y abandonados por el racista hecho de ser
latinos.
A los mexicanos que no somos Enrique Peña, que el
presidente gringo elogie la “democracia mexicana” cuando recién vimos
el escandaloso aparato con que se compran los votos y cómo se usan
programas sociales con fines electoreros, suena más a burla que a
sincera apología; y a que, si acaso, Barack es un fino artífice de la
sorna.
Pero nada más. Y la verdad cruel es que a la
inmensa mayoría de los mexicanos, porque México es mucho más que unas
calles de Polanco, la visita del señor Obama nos importó un puro
pepino, o menos que eso. Y sus elogios de una realidad distorsionada
por el grosor de los vidrios antibalas de su cochesote, esas frases
llenas de optimismo de supermercado a nosotros, que vivimos en el México
de veras, nos calaron todavía menos. Porque Obama vino a elogiar a
México para, como bien apunta Denise Dresser –el mote atinadísimo, de “porrista del Potomac”,
bajar allá, en su congreso y entre sus votantes, la imagen del mismo
eu como proveedor de muerte y terror en una guerra de antemano perdida y
causada, además, por el ávido antojo de sus millones de drogadictos. Y
si acaso, para congraciarse con los más de treinta millones de
mexicanos que viven allá, que al final no dejan de ser un montón de
votos contantes y sonantes.
Pero nada más.
miércoles, 8 de mayo de 2013
CABEZA AL CUBO domingo 5 de mayo 2013
¿Reporteros o halcones?
Dicta el canon que no debo empezar una columna haciendo preguntas, pero ¿no están ustedes hartos de que Televisa y TV Azteca en su quehacer malsano de vocería gubernamental inviertan tanto dinero, tiempo y esfuerzo en manejarnos la opinión?, ¿no estamos muchísimos mexicanos hasta el cepillo de tanta omisión tramposa, de tanta ruinosa mentira siempre con el sesgo de la disculpa a la pandilla de rateros que dicen gobernar este país? Tratando de poner generosamente aparte elencos y equipos de producción de bazofias como telenovelas y programas de concursos o telerrealidad, aunque allí también exhiben las televisoras su desprecio por el libre albedrío del público mexicano (para muestra de manipulación del ideario colectivo, este video donde dos actricillas pretenden, en diálogo acartonado y sobreactuado, dejarnos claro lo beneficiosas que nos han de resultar las privatizaciones a lo pendejo) cada vez queda más claro –si alguna duda hubo– que las grandes testas del duopolio televisivo están habitadas por verdaderos patanes. Quién sabe si las cúpulas sean igual, pero por lo pronto sus contingentes de informadores, conductores y seudorreporteros suelen ser auténticos gañanes que con el gafete de periodista y una constante exhibición de prepotencia –y su consecuente dosis de impunidad– recuerdan a los insufribles judiciales de los años setenta, arbitrarios hasta el carajo, siempre con la charola en ristre y el desprecio a flor de hocico.
Dicta el canon que no debo empezar una columna haciendo preguntas, pero ¿no están ustedes hartos de que Televisa y TV Azteca en su quehacer malsano de vocería gubernamental inviertan tanto dinero, tiempo y esfuerzo en manejarnos la opinión?, ¿no estamos muchísimos mexicanos hasta el cepillo de tanta omisión tramposa, de tanta ruinosa mentira siempre con el sesgo de la disculpa a la pandilla de rateros que dicen gobernar este país? Tratando de poner generosamente aparte elencos y equipos de producción de bazofias como telenovelas y programas de concursos o telerrealidad, aunque allí también exhiben las televisoras su desprecio por el libre albedrío del público mexicano (para muestra de manipulación del ideario colectivo, este video donde dos actricillas pretenden, en diálogo acartonado y sobreactuado, dejarnos claro lo beneficiosas que nos han de resultar las privatizaciones a lo pendejo) cada vez queda más claro –si alguna duda hubo– que las grandes testas del duopolio televisivo están habitadas por verdaderos patanes. Quién sabe si las cúpulas sean igual, pero por lo pronto sus contingentes de informadores, conductores y seudorreporteros suelen ser auténticos gañanes que con el gafete de periodista y una constante exhibición de prepotencia –y su consecuente dosis de impunidad– recuerdan a los insufribles judiciales de los años setenta, arbitrarios hasta el carajo, siempre con la charola en ristre y el desprecio a flor de hocico.
Es absurdo y vergonzante que un periodista se
comporte como si fuera policía o soldado de dictadura. Televisa y sus
empleados e imitadores llevan décadas retorciendo el concepto de
periodismo televisivo porque eran dueños únicos de cámaras y espectro
radioeléctrico (que al menos en la teoría sigue siendo tan tuyo o mío
como de Azcárraga…) pero hoy que todos tenemos en la calle una cámara y
una conexión a internet, la herramienta de que se valen las televisoras
para construir esa complicidad imbécil con el poder, el video, se
vuelve en su contra para desnudar la tesitura moral de sus propios
alecuijes. Y me refiero en concreto a esa panda de infelices que se
apersonaron el 26 de abril, presuntamente para cubrir el conflicto
provocado en la torre de la Rectoría de la UNAM,
“tomada” por un grupo de supuestos estudiantes para exigir
cumplimiento a un pliego de demandas. Se trata del momento en que un
camarógrafo de Televisa, despojado del uniforme de la empresa, se
disfrazó de presunto activista: camisola de tipo militar con camuflaje,
pasamontañas, pañuelo y lentes oscuros para ocultar el rostro, y que,
ahora dicen que de manera juguetona, uno de sus contlapaches, ese sí
con la chamarra y el logo de Televisa, condujera una presuntamente
falsa entrevista en la que, haciendo mofa de los activistas, pide
cigarros y cervezas como condición para desalojar Rectoría. A cuadro
se ve que otros reporteros de otras casas –destaca un risueño gordo con
chamarra de TV Azteca– celebran sus
gracejadas… hasta que los sorprenden los verdaderos activistas y se
arma la rebambaramba (aquí el video de la secuencia completa publicado
en internet por Aristegui Noticias). Luego los mismos patanes, al verse rodeados por activistas francamente encabronados, se ponen altaneros (acá otro segmento)
sólo para ser presionados, insultados y finalmente, luego de algunos
manotazos, largarse de allí con gesto digno y la soberbia machucada.
Imagino que después, en los noticieros de la empresa, se dijeron
atacados por una turba (hace mucho que no los sintonizo porque me
vomito).
Al margen de si están aburridos esperando la nota o
si están en desacuerdo con los paristas que tienen tomadas las
instalaciones, no es ni su deber ni virtud ninguna mofarse o tratar de
infiltrarse en las filas de los activistas. Quizá esa era la idea,
defenestrar la imagen de los activistas, hacer el juego sucio al poder
que ve con asco y temor las manifestaciones de exasperación, que suelen
ser poco tersas, de la sociedad.
O quizá se trataba de simples miñones de Gobernación que cobran paga en doble ventanilla y fueron descubiertos.
Mientras, el país se desmorona y pudre, y las
televisoras siguen metiendo impunemente quintales de mierda a las casas
de la gran familia mexicana.
martes, 30 de abril de 2013
CABEZA AL CUBO domingo 28 de abril 2013
Jorge Moch
tumbaburros@yahoo.com
Twitter: @JorgeMoch
La estulticia tiene curul (II Y ÚLTIMA)tumbaburros@yahoo.com
Twitter: @JorgeMoch
Hay muchos que estudian para ignorar
Sor Juana Ines de la Cruz
Sor Juana Ines de la Cruz
En México a diario la realidad cruda reitera que la estulticia, la indolencia de seso y la abulia intelectual, si tienen curul tienen futuro promisorio: venideros nombramientos, porvenires venturosos en negocios, legados patrimoniales y acumulación descarada y desmedida de riquezas y más poder. El que no tiene futuro, pobrecillo, es el resto del país.
Un diputado debería ser un ciudadano ejemplar y de preferencia culto. Pero históricamente las legislaturas han albergado a personeros del poder y del pragmatismo –hasta verdaderos grupos de choque o delincuentes arropados con esa aberración jurídica que es el fuero federal– y sólo en muy raras ocasiones gente realmente capaz de legislar. Para legislar hay que conocer, saber, informarse y tener una muy desarrollada capacidad de discernimiento además de habilidades cognitivas. Pocas cosas abonan en esas virtudes como leer, leer mucho. Los legisladores en México, en su inmensa mayoría, suelen ser, en cambio y en el mejor de los casos, lectores de ocasión y coyuntura, que no amantes de los libros y, en los libros, aún menos de lo que sea narrativa, poesía, ensayo literario o ya no digamos filosófico; son lectores indolentes, mediocres, muchos antilectores y hasta analfabetas funcionales. Pero son diputados y viven como reyezuelos, cobrando cientos de miles de pesos por cabeza.
El video que mencionaba esta columna hace una semana (youtube.com/watch?v= XtujMi9XPdY) exhibe una muestra de esos diputados chambones, incultos, que tratan de echar rollo para aparentar que leen, aunque si se los acorrala con la petición de que nombren tres libros que marcaron su vida, invariablemente salen a flote la estulticia, la ignorancia y la apatía que los caracteriza para desgracia de toda la perrada que no tenemos curul.
Allí el caso, por ejemplo, de Lázara Nelly González Aguilar, diputada panista (ya antes fue senadora) por Tamaulipas, quien a pregunta expresa sobre las lecturas que dejaron huella en su vida bromea que ella “no va a salir como Peña Nieto, ¿verdá?” (en alusión al vergonzoso episodio en que el entonces candidato priísta demostró, en Plena Feria Internacional del Libro de Guadalajara, que no lee)… pero sale igual o peor, argumentando que apenas ha leído “cosas de política” y, cuando estaba en la universidad (es egresada de la Universidad Autónoma de Nuevo León) si acaso leía su libro de derecho.
O qué tal la perredista Roxana Luna Porquillo, diputada por Puebla, quien evidenciando que la incomoda la pregunta logra hilvanar una respuesta y citar tres libros: México mutilado, sin mencionar a su autor, Francisco Martín Moreno, La metamorfosis, de… “Fran… ¿Ka?”, y, cacofónica hasta barrerse en home; El diario de Ana Frank. Bueno, digamos que medio sale del atolladero.
La que parece encarnar sin menoscabo la frase de Sor Juana que hace epígrafe de esta columna hoy es la priísta diputada por el estado de México, Leticia Calderón Ramírez, quien se jacta a cuadro de haber leído Juan Salvador Gaviota y después haber tenido “la oportunidad”, dice, de haber leído esa joya de la farmacopea del éxito para yuppies que supone ¿Quién se robó mi queso?
El priísta Hugo Mauricio Pérez Anzueto exhibe un fervor belicoso: dice al entrevistador, con aplomo, “la Biblia, ¿eh?”, y en la interjección endurece el semblante, como diciendo: y búrlate, hereje… Y cita, para remachar sus cristianos clavos, que suele acudir a “un libro delicioso”: La fe de Jesús. Si siquiera hubiera completado el triduo con el Catecismo, de Ripalda…
Otro priísta, Salvador Arellano, de plano se va por las ramas y afirma chabacano: “Fíjate que en este tema soy un ciudadano, que sí me gusta leer… pero no leo exactamente autores” (ni libros, adivina este picateclas), y desde luego omite nombres o títulos.
Ausentes en el ideario diputacional Fuentes, Paz, Novo, Monsiváis, Rulfo, Arreola o Díaz Mirón. Ni de lejos Cervantes, Cortázar, Neruda…Y cuando leen, los diputados se vuelven de temer. Como Chris López Alvarado, priísta y tijuanense, quien cita de inmediato, como libros que signaron su vida, El arte de la guerra, de Sun Tzu; El príncipe, de Nicolás Maquiavelo… y un libro “regional” de… matemáticas. En una de ésas suelta que Mein Kampf…
Este es, en apretado resumen, el muestrario de lo que leen quienes promulgan las leyes en México, quienes quizá voten el iva a los libros que al cabo nunca van a leer.
Ría conmigo, o lloremos juntos. Y si como este columnista, es usted escritor, vaya considerando el autoexilio. O un muy digno suicidio.
lunes, 22 de abril de 2013
CABEZA AL CUBO domingo 21/abril/2013
Jorge Moch
tumbaburros@yahoo.com
Twitter: @JorgeMoch
La estulticia tiene curul (I DE II)tumbaburros@yahoo.com
Twitter: @JorgeMoch
No sé si reír o llorar con el video que Humberto Musacchio me pasó por correo y que se puede ver en youtube.com/watch?v= XtujMi9XPdY. Tiene cortinilla del portal de noticias y comentarios deADN Político (adnpolitico.com) y se titula Diputados no saben sus tres libros favoritos: una colección de cortes de entrevistas hechas a poco más de media docena de diputados de la actual legislatura, delPRI, del PAN y del PRD, a los que se pregunta el título –como aquella infausta ocasión en que Enrique Peña Nieto siendo virtual candidato hubo de exhibir una supina ignorancia libresca en plena Feria Internacional del Libro de Guadalajara–, de tres libros que importan en sus vidas. Como el hoy presidente, la muestra de legisladores hace evidente que la lectura, actividad primordial para el desarrollo de alguna capacidad de discernimiento, está prácticamente ausente de sus vidas. Caramba, lo bien que le puede ir a uno en este país –puesto público, canonjías, dieta abundosa, guaruras y choferes, autos de lujo, viajes, seguro médico y dental, y además de fuero y sueldazo los más jugosos bonos que se pueda imaginar y así–, aunque sea uno analfabeta funcional, fanático fundamentalista o estar en la escala de la evolución apenas un peldaño arriba del más cateto de los antropopitecos. Basta colarse a una curul. El video inicia con la petición idéntica para cada uno: “Menciona tres libros que marcaron tu vida.” Las respuestas son un muestrario de estupidez, de mediocridad y hasta de fanatismo religioso, que no de cultura. Ni siquiera de una medianita capacidad de lectura de comprensión, o de mnemotecnia pueril: varias de las respuestas equivocan títulos o autores, son buscapiés, cola a ver si pega y evitar la peliaguda dificultad de la cita exacta.
Destaca para empezar Darío Zacarías Capuchino, exmunícipe de Acolman y representante, al menos en actas, de los votantes del distrito electoral cuya cabecera es Otumba, en el estado de México. Dice estar leyendo El principitoaunque desde luego ni el intento hace de pronunciar el nombre del autor. Su segundo libro favorito, del que afirma con enjundia “compartir muchas cosas que enseña” es… la Biblia. El tercero, después del catecúmeno desbarro, ya ni lo menciona. Saint-Ex seguramente dio una violenta vuelta en su tumba, allá en el fondo del mar.
La segunda antilectora, y única de la triste muestra que es incapaz de citar un solo título, aunque fuese la tan manoseada Biblia, es la también priísta Maricruz Cruz Morales, quien ya había sido diputada federal antes, en la lviii legislatura (esta vez Madero es el que se ha de estar revolcando en la tumba, por aquello de la no reelección). Doña Maricruz se tira a cuadro un patético, para decirlo en vernáculo,choro con el que pretende evitar tener que decir un título o un autor. “O te dedicas a ser dirigente social, o te dedicas a hacer propuestas, o te dedicas a leer”, dice convencidísima de que tiene todo el derecho a ser legisladora sin tener que abrir un libro. Luego se lo piensa y dice que le interesan sobremanera los que “se refieren a la Historia de este país”. Afirma que ha leído “varios, poco de muchos, una gran combinación…” pero sin un título que valga. Es, por cierto, una de los veintisiete legisladores priístas (e insisto, segunda vez al bate) que no tienen título universitario.
El tercero es una joya, el panista Francisco Pelayo Covarrubias, conocido en Baja California como “Pancho Pelayo”, promotor de una ley que acote el anonimato en las redes sociales para, aduce, “evitar la difamación”. Pelayo es señalado por el semanario tijuanense Zeta de enriquecimiento inexplicable a la sombra de su tío… el gobernador. Ahora flamante diputado, Pelayo, afirma campechano: “No soy una persona muy afecta a la lectura.” Y de plano de los libros dice: “no recuerdo los títulos, pero tengo por ahí alguno…”
¿Esos son algunos de los analfabetos funcionales que votan reformas educativas? Sí, quizá por ello sin cuestionarlas. ¿Esos son los oligarcas y medieros que legislan sobre el trabajo de los mexicanos?, pues claro, porque difícilmente han sudado un despido en su pinche vida. Son en su mayoría criaturas mediáticas, infladas con campañas publicitarias a su vez alimentadas con dinero sucio, casi siempre chupado con el popote de la corrupción. Por eso votan lo que les mandan sin chistar, o promueven censura y represión.
Decía Teresa de Ávila: “Lee y conducirás, no leas y serás conducido”, y a nosotros nos conduce un hato de bestias. Y es culpa nuestra.
miércoles, 10 de abril de 2013
martes, 2 de abril de 2013
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