martes, 26 de julio de 2016

jueves, 14 de julio de 2016

Buscas...


Buscas…

¿Buscas el brillo de la luna?,
 su resplandor sobre montañas escarchadas
 su soledad mas su silencio
su fuerza al ser luz permanente.
¿Buscas el brillo de la luna?,
entre nubes que emergen a distancia,
 tu mirada tranquila que apacienta,
temores, dudas, impaciencia.
¡¡No busques el brillo de la luna!!,
no busques su reflejo sobre el agua,
 no busques tan lejos, lo que existe
 al lado izquierdo de tu pecho...

 G.C.
14/julio/2014

©DerechosReservados®

Al Niño de la calle...

Al Niño de la calle.


Hoy lo vi correr por mi calle,
lleva la tristeza cargando, cuando lo vi pasar a mi lado;
su ropa raída y sucia, harapos que tiran a la basura,
la gente que se dice “Bien”,
que de bien solo es el título, mientras el niño camina
con zapatos de agujeros en la suelas.
Dicen que huele a solvente, a thinner, no se a que tantas cosas,
yo huelo su miedo al verme, a su hambre, a su miseria,
observo su pequeñez, su cuerpo diminuto,
corre como alma que lleva el diablo,
pero ni siquiera él se atrevería a dejar a su hijo a la deriva.
Todos se apartan al verlo, dicen pestes los unos
oraciones los otros, dan consejos sin practicarlos,
esos niños de la calle seguirán en las banquetas.
¡Les aseguro señores! ¡no contagiaran su mundo!
Ellos comerán mendrugos, las sobras, cosas robadas,
ustedes sus buenas carnes, refrescos o malteadas.
Los niños de la calle,
 vivirán entre cartones usados,
tragando solvente y noches
de esas que huelen a caca.

G.C.
©DerechosReservados®
15/06/16


sábado, 2 de julio de 2016

viernes, 1 de julio de 2016

Te espero...


Te Espero


Te espero, en los versos que llevo escritos en la mente,
mientras trotaba bajo las copas de los árboles en el inicio de la mañana,
que se antoja un tanto nublada en el inicio de las lluvias,
donde suelo encontrarte.
Te espero, en la luz  de los rayos del sol,
el mismo que entra por la ventana donde clavas la vista en un punto indefinido,
de la distancia que nos separa,
entre calles, montañas y lagos.
Te espero, mientras arreglas tu pelo alborotado;
levemente agitado por el viento que se filtra sobre tu blusa,
mientras abres tus ojos al despertar de un nuevo día,
y me piensas a tu lado.
Te espero, al saborear el primer café matinal,
mientras leo los encabezados del periódico,
y me tragó con dolor las notas que hablan de dolor,
cuando tu y yo nos adolecemos de no vernos.
Te espero, al observar tu deambular, pavoneando tu cuerpo entre sabores y olores
de la cocina, donde tus manos transforman
el pan que huele tan rico y sabe a gloria,
mientras te escucho silbar bajito una melodía conocida.
Te espero mujer, en los renglones del libro,
que por tanto recordarte, no termino de leer
y deletreo tu nombre en todas partes,
el nombre que me suena tan mío, pero es tuyo.
Te espero, también, en la primera  persona del plural
la que habla de “nosotros”, de añoranzas y distancias emprendidas
mucho antes de que alguno de los dos hubiésemos nacido siquiera,
sin hurgar pasados incomprendidos y besos mal paridos.
!En fin y por lo tanto! ¡¡Amada mía!!, TE ESPERO.
porque esperarte en mis mañanas, abriendo la puerta de mi ser me hace mas humano,
mas tangible, ante tus manos de largos dedos y piel blanca como la neblina que nos envuelve,
y eso me hace a partir de ese momento y para siempre ser parte de tu futuro inmediato..

G.C.
29/junio/2016
©DerechosReservados®


lunes, 27 de junio de 2016

Era un Mago.




Era un Mago.

Era un viejo mago,
usaba un sombrero de copa;
cuando joven, sacaba conejos y palomas,
convertía casi cualquier cosa
en algo nuevo, novedoso.
Era un astro de la actuación,
mucha gente lo admiraba,
a sus veinte años,
se desplazaba sobre las tarimas del añejo teatro,
como esa bailarina de la clásica danza,
con su tutú y sus zapatillas de punta.
Una tarde de invierno,
sin que el mago comprendiera,
sus cabellos blanquearon, sus ojos entristecieron,
sus muecas se hicieron hurañas,
su sombrero se perdió  en el ático,
donde quedaron olvidados  sus recuerdos,
sus días felices, sus conejos, sus palomas;
sus guantes blancos su traje sucio,
su juventud, entre hijos y trabajos.
Durante una lluvia de junio,
al viejo mago le llegó una sorpresa,
un par de críos en pantalones cortos,
aventureros de mundos imaginarios,
con el pelo corto, la carita sucia,
llenas de juguetes sus manos,
encontraron el sombrero,
despertaron al  anciano,
con sus ojos como platos,
esperaron su enojo, sus regaños, sus malos modos.
Él, miró su decrépito sombrero
se humedecieron los ojos,
sentó al par de niños sobre sus cansadas rodillas,
inclinó su cuerpo en reverencia,
sus manos se movían a destiempo
y empezó a sacar de su fondo,
sonrisas, alegrías,
carcajadas, sin palomas, sin conejos,
los niños con su alegría
al mago sacaron de su letargo,
volviendo  entonces joven al viejo.

G.C.
27/06/16
©DerechosReservados®



las tres caidas