martes, 15 de abril de 2014

#cabezaalcubo domingo 13/04/14

Jorge Moch
tumbaburros@yahoo.com
Twitter: @JorgeMoch
De inmundicia y nepotismo
En México unos pocos acumulan riqueza obscena mientras millones gastan enormes esfuerzos en garantizar modos de vida magros, de simple supervivencia en extremos de marginación y miseria: los que acarrean agua y sortean drenajes a cielo abierto, los que padecen altos índices de alcoholismo y analfabetismo, violencia intrafamiliar, las más altas tasas de mortalidad infantil y donde los niños que sobreviven lo hacen para toparse con que no hay más futuro que cruceros donde limpiar parabrisas, activo para espantar el hambre, indiferencia o caridad forzosa del otro, los altibajos de la delincuencia y la ruta de las drogas. Es el pueblo para las élites llano, invisible, sacrificable y álalo. En medio de esos extremos estamos quienes habitamos una amplia franja demográfica a menudo indiferente a grandes problemas nacionales, pero siempre atentos a la versión oficialista que se propaga por los mal llamados noticieros de un duopolio televisivo que no es sino el enorme, oficioso tinglado portavoz del régimen. La atención del público depende del escándalo de moda o del gol en la liguilla. Una gigantesca industria de distracción se hace cargo de nosotros en tanto potencialmente peligrosos como posibles interesados, opinadores, indignados ciudadanos apercibidos de la magnitud de los atracos imbricados en perjuicio del interés público mientras otro enorme aparato, entre gubernamental y privado –lo gubernamental se ha pervertido, perdida su primordial función de gestión del bienestar público, convertido en cínico destino para riqueza ilícita y ejercicio desmedido del despotismo– se encarga de calcular el desplume. Van por lo poco que nos queda en el bolsillo. Sea por la vía de esos altísimos impuestos cuya reciprocidad al ciudadano mexicano es prácticamente nula, o por medio de continuos embates publicitarios y de cara mercadotecnia para vendernos, siempre con el más alto rédito pero la menor inversión posibles, algo. La mayoría de los bienes y servicios en esta sociedad de consumo que mezcla hamburguesas prefabricadas con figuritas de la guadalupana son, puestos bajo la lente de un somero examen de su relación costo-beneficio al consumidor, porquerías que no necesitamos. A este entramado, con varias consecuencias y ramificaciones cuyos efectos empezamos a sentir –las crisis económicas, la destrucción paulatina del medio ambiente, la consuetudinaria degradación de la convivencia o la discusión públicas– le llamamos modernidad. El México del siglo XXI. En el que regresó el PRI al poder.
El nuevo PRI. De nuevo tiene apenas un eslogan. Los nombres de sus integrantes, ésos no cambian, ni cambiaron, ni van a cambiar nunca. Hemos permitido, otra vez, enajenados por los medios masivos, hipnotizados con su oropel de música hueca y escándalos de putas y chichifos, que se reinstale en México una suerte de herencia maldita e invariablemente criminal, linajes de corrupción, estirpes podridas; una rediviva dinastía de vividores y oportunistas sin más abolengo que dinero, conexiones y las muchas maneras posibles de chingarse el presupuesto público, el dinero del pueblo: facturas infladas, empresas que antier no existían y hoy son las principales proveedoras de secretarías de Estado y organismos estatales; aviadurías en nómina de cuanta organización se deje meter uña; puestos que devengan sueldos altísimos (el sueldo mensual del presidente, de aproximadamente 20 mil dólares, prácticamente duplica el de sus pares latinoamericanos), séquitos excesivos, privilegios de una alcurnia en reiterada, sexenal compraventa. Se perpetúan los parásitos, se reciclan, y heredan a sus yúniors la potestad que debería ser democracia. Nombres que conocemos bien, los repetimos entre dientes. Una recua de vividores, algunos elegantes, algunos inmundos como el expresidente del PRI del DF. La mayoría priístas (o sus incondicionales alecuijes, como los bribones del partido falsamente verde), pero malamente también panistas y perredistas, gente que alguna vez se dijo de parte de las causas populares y en realidad no es más que fauna alevosa, voraz, oportunista. Allí los odiosos “chuchos”.
La tele, la chunchaca del pasito duranguense, la chorcha, los concursos, el vapuleo multiplicado de la ordinariez rinden fruto. Los mexicanos vivimos entre el miedo y el letargo. Justo donde nos quieren los que sangran y oprimen y engañan en este despeñadero sin fin al que todavía nos atrevemos a llamar patria y decir, de dientes para afuera, que es nuestra para amarla y defenderla siempre.

miércoles, 19 de febrero de 2014

#CabezaAlCubo domingo 16/02/14

Jorge Moch
tumbaburros@yahoo.com
Twitter: @JorgeMoch
Veracruz: periodismo, incertidumbre y terror
Para Goyo Jiménez, hoy que ya sabemos
A Gregorio Jiménez, “levantado” afuera de su casa en Coatzacoalcos, no lo conocí personalmente. Basta saber que era periodista y que fue agredido. Que es uno más en una lista vergonzante para el gobierno del priísta –de derechas– Javier Duarte de Ochoa (delfín de Fidel Herrera Beltrán, a quien medio en broma y medio en serio allá en su estado le decían el z-1), de comunicadores a los que se ataca por su labor. Sé que Gregorio indagaba agresiones a migrantes centroamericanos en Veracruz y es sabido que ese es negocio de cierto cartel, de las policías locales y de corruptos funcionarios del instituto mexicano de migración. Seguramente la versión oficial y exculpatoria de los ineptos funcionarios veracruzanos rebuznará otra cosa.
Para nadie es secreto que el periodismo en Veracruz –como en Tamaulipas o Chihuahua– lleva demasiado tiempo viviendo (decir “viviendo” es un caro eufemismo) bajo la égida del terror, la violencia, la intimidación o, más cómodamente, la cooptación, el cohecho y la sumisión, quizá en ese orden lamentable. Una cosa fue, por ejemplo, el enfrentamiento que sostuvieron por posiciones políticas diarios como Sur o Diario del Istmo (que destaparon a Cuauhtémoc Cárdenas allá por el fraude de 1988 que impuso al hoy “victimado” titiritero Salinas) con el salinismo por vía de ese patético personaje que fue Patricio Chirinos como gobernador ausente, y más bien con ese mal disimulado represor del PRI que era el hoy incomprensiblemente panista Miguel Ángel Yunes Linares cuando fue secretario general de gobierno, en los hechos gobernador de facto, y muy otra que la lógica gubernamental, bajo sospecha de ser también la de poderosos grupos criminales es “te alineas o te callas”. No es secreta en Veracruz la abyección lamentable de la mayoría de los medios impresos y prácticamente todos los televisivos y radiofónicos, dedicados más a rendir pleitesía, y cobrarla, que a informar de la verdadera situación del estado, y esto es por una mezcla nefasta de miedo y conveniencia. Basta tomar cualquier publicación local para encontrar fotografías del gobernador o sus más cercanos personeros engolados, altivos, haciendo rimbombantes declaraciones de aire caliente. Salvo quizá el diario del puerto jarocho Notiver y algunos otros como La Jornada Veracruz, en papel prácticamente no hay críticas. Nadie cuestiona las evidentes, descaradas corruptelas de los funcionarios cercanos al gobernador. Nadie investiga ni mucho menos revela de dónde salen las fortunas con que un puñado de indeseables, algunos llegados al estado durante la campaña de Duarte materialmente “con una mano atrás y otra adelante”, de pronto compraron una casa. Y el terreno de al lado. Y la casa de atrás. Y el par de terrenos adyacentes y de pronto, de manejar un coche modesto, ahora manejan (bueno, el chofer) una camioneta Infinity que cuesta más del millón. Nadie remueve el aciago asunto aquél de los 25 millones con que fue sorprendido un achichincle de Duarte en Toluca (que por cierto, según creo, le fueron devueltos). Nadie mueve mucho ya la razón de la muerte del cantante Gibrán Martiz, quien presuntamente antes de ser asesinado sostuvo un altercado con el junior de un poderoso funcionario estatal. Nadie indaga sobre tantas porquerías de las que tantos saben, porque saben que en ello les puede ir la vida. Sólo en redes sociales, en internet, brotan algunos cuestionamientos a menudo y lógicamente anónimos.
Escribo esto el sexto día en que Gregorio Jiménez seguía desaparecido y a minutos del anuncio de su muerte. Un par de días después de que Duarte le ofreció a su esposa una casa, para tratar de bajar el calor mediático en lugar de atender emergencias estatales de violencia, impunidad y sobre todo corrupción, esta última la tara a la que él mismo debe puesto y permanencia hasta el momento. Escribo esto cuando el de Gregorio se suma a decenas de nombres de periodistas agredidos y asesinados en Veracruz. El suyo es ya uno más de esos expedientes que son ejemplo de ineptitud, más corrupción y una perversa complicidad, a pesar de operaciones cosméticas coordinadas desde la deleznable oficina de (in)comunicación social del estado o de abiertas, descaradas infamias como la cometida contra la corresponsal de Proceso. Y escribo esto mientras Televisa Veracruz y TV Azteca Veracruz transmiten su dosis habitual de mierda, y en lugar de sumarse a la indignación internacional por el asesinato de Gregorio, hacen como que no pasa nada.
No vaya a ser que se les enoje el góber.

sábado, 8 de febrero de 2014

#lakuasiresistencia 08/02/2014

www.radioamlo.org 
http://tunein.com/radio/Radioamlo-s117641/
11am #lakuasiresistencia hoy sábado

Si buscas información y no deseas que sea una televisora de esas que solo te dan calabaza, pues te invito no solo a escuchar y ver (si se puede) tambien te invito a ser participe de esta forma diferente de ver y escuchar las noticias, solo recuerda que es un espacio diferente y donde el mal humor solo lo tenemos nosotros el Inge Varguitas y Cuasimiro Jhon Travolta RECUERDA HASTA DONDE NOS DEJEN  estaremos rompiendo el cerco informativo 

viernes, 7 de febrero de 2014

#cabezaalcubo 2 de febrero 2014

Jorge Moch
tumbaburros@yahoo.com
Twitter: @JorgeMoch
Mis vergüenzas con José Emilio
Esta es la rediviva confesión de un plagio consentido. Me sentí cercano a José Emilio Pacheco mucho antes de que siquiera supiera de mi existencia. Lo escuché, deslumbrado con esa sencillez que imprimía a su erudición universal y sucesiva, varias veces en las ferias del libro de Guadalajara. Leí de prestado, por allá de los veinte años, ese librito mágico que es Las batallas en el desierto. Lo compré en la edición de Era en 1997 y lo sigo atesorando igual. El 13 de febrero de 1998, en Veracruz, lo fui a ver, para escucharlo disertar –otra vez con esa erudición que abarcaba todas las geografías, todos los géneros, una copiosa cauda de autores y obras– sobre vida y obra de Salvador Díaz Mirón como presentador, junto con el autor, Manuel Sol, de quien, por cierto, José Emilio no se cansó de ponderar la titánica labor que supuso la “recopilación, introducción, bibliografía y notas biográficas” del copioso material con que se editó el volumen que hizo el Fondo de Cultura Económica, en su colección Letras Mexicanas de la Poesía completa, del que quizá haya sido el mayor poeta jarocho. José Emilio parecía saber de memoria todos los poemas de Díaz Mirón. Recitaba los versos deLascas como si fueran suyos. Al final de la conferencia fuimos muchos los que hicimos fila para saludarlo o pedirle un autógrafo, hubo hasta empujones que dieron luego sustancia a un cuento que publiqué por ahí. De pronto me pareció que estaba asediado, acorralado en un rincón de la capilla principal del recinto del Instituto Veracruzano de Cultura. Preferí hacerme a un lado y me quedé sin autógrafo.
A finales de ese mismo año, nuevamente en la Feria del Libro de Guadalajara, pude acercarme a hablar con él. Por ese entonces coordinaba yo un mínimo suplemento cultural en un diario local, Sur, del puerto jarocho (El Paliacate). Se me ocurrió proponerle que me dejara publicar por entregas semanales Las batallas en el desierto para hacérsela llegar al público veracruzano, y la idea le gustó. Me dio un número de teléfono, que resultó ser un fax, y yo poco después le mandé la petición por escrito. El resto es una breve y enojosa historia de malentendidos: obsequioso, José Emilio llamó a mi oficina en Veracruz y dejó dicho –yo andaba de viaje– que por él no habría problema. Alguna indicación dejó de que recibiría yo comunicación de sus editores y yo me quedé muy tranquilo cuando esa comunicación nunca llegó, aunque lo cierto es que yo debí llamarles. Y durante doce semanas reprodujimos en El Paliacate cada capítulo de Las batallas… Y en la siguiente FIL de Guadalajara, cuando él presentaba los poemas de La arena errante y le di las gracias por dejarme publicar su novela, supe que había yo cometido un plagio horrible, porque me topé con los ojos de pistola de Marcelo Uribe, director editorial de Era, que era la dueña de los derechos de Las batallas… y a quien yo debía, hacía meses, haberle primero pedido permiso y luego pagado derechos. Marcelo amablemente, pero sospecho que con contenida y muy justificada furia, me explicó que por mucho menos de lo que yo había hecho se había ido a la quiebra más de un proyecto editorial. Como yo en ese entonces ni siquiera recibía un salario del periódico donde publicaba mi mamotreto, propuse un plan de cómodas mensualidades. José Emilio intercedió y Marcelo fue generosísimo y al final, mal está decirlo, me salí con la mía aunque de veras avergonzado. Lo bueno es que Las batallas en el desierto llegaron así a más lectores. Al final, magnánimos y resignados, José Emilio y Marcelo restaron importancia al asunto y yo quedé en deuda para siempre con ellos.
Pude saludar a José Emilio algunas veces más, y hasta llegó a comentar algo sobre mis diatribas en este espacio. La última vez que lo vi en persona fue en los atestados pasillos de la Feria del Libro del Palacio de Minería. Lo acompañaba Cristina, a quien hoy, desde la confusa anonimia de ese momento breve, le reitero un abrazo fuerte y en lo posible esta suerte de acompañamiento, de tristeza compartida por la repentina, inesperada ausencia de José Emilio, esta que él mismo, en Siglo pasado(Desenlace) tituló “Irrealidad” y plasmó virtuosamente en palabras: “Como fantasma de un espectro vuelvo/ a este mundo con mi experiencia que ya no sirve/ y me abruma/ atestiguar cómo todo ha cambiado hasta la irrealidad; cómo fantasía alguna fue capaz/ de imaginar cuanto hay ahora, todo lo que es/ –y desde luego nadie esperaba.”
Como nadie esperaba, José Emilio, que te nos fueras tan pronto.

LA RECETA DE #LABOTANA (tortitas de carne deshebrada...

TORTITAS DE CARNE DESHEBRADA DE RES CON SALSA
RANCHERA AL CHIPOTLE
Acompañadas con calabacitas salteadas con oregano y arroz
blanco
4 o 5 personas
Ingredientes:
Para las tortitas;
• 600 gramos de carne de res para deshebrar (Falda o cocido magro)
• 4 huevos frescos
• 5 o 6 tomates verdes picados finamente
• 2 cucharadas de harina
• 1 cucharada de almidón de maíz
• Sal y pimienta al gusto
• ½ taza de aceite para la sartén
Para la salsa ranchera;
• ½ Kilo de jitomates bien maduros
• 3 chiles cipotles secos, remojados durante 3 horas y hervidos durante 15 minutos
• 1 cebolla mediana picada finamente
• Sal al gusto
Para las calabacitas;
• 4 calabacitas tiernas
• ½ cebolla rebanada
• 2 cucharadas de orégano
• 3 cucharadas de aceite o una cucharada de mantequilla
• sal y pimienta al gusto
Para el arroz blanco;
• 1 ½ tazas de arroz
• 4 cucharadas de aceite
• 3 tazas de caldo de pollo o 3 tazas de agua y medio cubito de consomé...
• sal al gusto
Procedimiento:
Tortitas:
Cocer la carne cortada en pedazos grandes, se dejan enfriar para poder manipular y se deshebran;
En un tazón se baten los huevos, harina, almidón de maíz y la sal, se agregan los tomates picados
y la carne deshebrada, se mezclan uniformemente y se forman las tortitas de 12 a 15 piezas...
En una sartén, se calienta la mitad del aceite a fuego medio y se frien las tortitas hasta que estén bien
doraditas, volteandolas dos veces, agregando un poco de aceite cada vez que se saque una tanda,
dejandolo calentar un par de minutos antes de continuar friendo las tortitas.
Se dejan reposar las tortitas unos 5 minutos antes de servirlas.
Salsa:
Se asan los jitomates y los chiles chipotles, se muelen en la licuadora o en molcajete, agregamos la
cebolla picada y se ponen en una salsera, si está muy espesa la salsa, se aclara con un poco de consomé
o caldo con el que cocimos la carne.
Calabacitas:
Se lavan bien y se cortan en rodajas o en cubitos, al gusto...
Se saltea en una sartén la cebolla hasta que se ponga “transparente” con el aceite o mantequilla, se
agregan las calabacitas y se guisan de 5 a 10 minutos y se agrega el oregano, sazonar con sal y pimienta
Arroz blanco:
En una cazuela se calienta a fuego medio el aceite y se frie el arroz hasta que se ponga mas blanco, sin
dejar de mover para que no se queme, si se usa consomé en cubito o en polvo se funde en el aceite con
el arroz antes de agregar el agua, si se usa caldo, se agrega éste al estar el arroz ya blanquito;
Suba el fuego hasta que hierva el caldo, se sala y entonces se tapa y se reduce la intensidad del fuego al
mínimo, dejar cocer unos veinte minutos hasta que el arroz abrorba el consomé y esté cocido, se retira
del fuego;
Con un tenedor se mueve ligeramente, con un tenedor para que esponje y se tapa otra vez dejandolo
reposar diez minutos y está listo para servirse.
En un plato plano se acomodan las tortitas y se cubren con la salsa, dejando lugar para acompañarlas
con las calabacitas y el arroz.
Buen provecho.
@milcmx La botana de la hora del amigo de radioamlo.org
@cuasimiro @IngeVarguitas

martes, 14 de enero de 2014

#CabezaAlCubo domingo 12/01/14

Jorge Moch
tumbaburros@yahoo.com
Twitter: @JorgeMoch
Indeseables, impunes, imperdonables
A pesar de una costosísima, machacante campaña de propaganda desplegada por el desgobierno del priísta Peña Nieto, muchos mexicanos seguiremos rechazando la infamante subasta de la soberanía nacional que representa su contrarreforma energética. Los discursos que ensalzan la venta del país en pos de un presunto progreso económico se desmoronan ante la rapacidad de las trasnacionales y, sobre todo, ante la flagrante realidad en que sucede lo contrario a lo prometido: hace unos meses se nos aseguraba que no subirían los impuestos y éstos escalan galopantes; se nos prometió que bajarían las tarifas de consumo eléctrico y los recibos están llegando a los hogares con alzas injustificadas y absurdas; se nos dijo que no se gravarían los alimentos y resulta que con una argucia legaloide se están clasificando dentro del mismo grupo que la comida chatarra, por su contenido calórico, alimentos como la carne de res y la mantequilla. Al final estamos exactamente en el peor panorama posible: todo sube menos los salarios, a no ser que consideremos como seria esa infamia de aumento de dos pesos y medio al mes. Y el desgobierno niega estúpidamente la inflación, la recesión y una rediviva crisis económica que parece ya una forma de vida.
Una de las amenazas que conciernen a quienes saben de hidrocarburos y su extracción en términos de la contrarreforma peñista es el gas de esquisto o gas de pizarra. Entre las modificaciones impulsadas por el gobierno y la derecha protoempresarial que más laceran la soberanía estratégica y ecológica del país, está la posibilidad de que las compañías mineras, casi todas extranjeras y todas terriblemente lesivas para el medio ambiente, puedan realizar extracción de gas. En el caso del gas de pizarra, un hidrocarburo que permanece encapsulado en vetas de ese mineral o de lutita, su extracción se realiza por medio de fractura hidráulica, conocida en inglés como fracking. El fracking ha demostrado ser una técnica terriblemente dañina para el medio ambiente.
HBO lanzó al aire hace unas semanas Gasland(Tierra de gas), un filme que realizó el documentalista estadunidense Josh Fox a raíz del ofrecimiento de cien mil dólares que le hizo una gasera a cambio de que le permitiera extraer gas de pizarra en su propiedad, en Pensilvania. Fox hizo un minucioso seguimiento de las causas y efectos que rodean tanto la fractura hidráulica como su producto, y encontró serias violaciones a prácticamente todos los protocolos de seguridad y conservación vigentes en Estados Unidos. De paso, reveló cómo las gaseras y petroleras invierten ingentes cantidades de dinero en cabildear, corromper, ocultar y simular todo aquello que estorba a su camino depredador, aunque en ello se atropellen derechos tan elementales como el derecho a tener agua limpia en casa: el documental contiene escenas escalofriantes de mangueras y grifos que en lugar de agua escupen fuego como sopletes, porque la extracción de gas pizarra contamina con sustancias venenosas e inflamables, como el tolueno, mantos freáticos y hasta redes municipales de agua potable. El documental se asoma, también, a la cada vez más documentada versión de que elfracking crea condiciones que desencadenan movimientos telúricos. Al menos dos temblores en Inglaterra y uno en Arkansas han sido achacados a esta práctica. Otro efecto es la emisión masiva a la atmósfera de metano, nocivo gas de invernadero. En una extracción de gas pizarra, el metano simplemente es liberado sin control.
México, este México entreguista, agachón y sumiso, figura en el mapa de sondeos de la Energy Information Administration (EIA) de Estados Unidos como poseedor de depósitos de gas pizarra. Otros países con más dignidad o visión se han negado a proporcionar información o ser diagnosticados, allí China, Cuba, Nicaragua o Perú, pero también Italia, España, Portugal y Suiza. México contiene yacimientos de gas pizarra a lo largo del litoral del Golfo de México (Veracruz, Tamaulipas y Tabasco), pero también en parte de Nuevo León y Chiapas. No quiero imaginar las consecuencias ecológicas y sociales que la extracción –además innecesaria– de ese gas acarrearía en territorios cruzados por la marginación, la pobreza y la violenta delincuencia que hoy nos da fama mundial.
Así, la contrarreforma peñista favorece indeseables prácticas de empresas impunes, solapadas por imperdonables politicastros que han comprometido la patria por unos dólares. La historia de siempre en México: la sempervirente historia de una traición.

martes, 7 de enero de 2014

#CabezaAlCubo domingo 5 enero 2014

Jorge Moch
tumbaburros@yahoo.com
Twitter: @JorgeMoch
Soliloquio antisocial
De pequeño me enseñaron que el país y la Historia los construimos entre todos. Que cada uno tiene su responsabilidad específica, diminuta pero imprescindible en la suma de todos los actos que componen una nación. La patria estaba representada en nuestros importantísimos libros de texto como una dama altiva y hermosa, morena, que se arropaba en la bandera nacional. Y tenía el mejor sitio: la portada. La Historia de México estaba salpicada de actos heroicos, de un irrecusable sentido, quizá algo manido en lo trágico, del sacrificio por el bien común. Por eso debíamos decirle “no” al contrabando. Por eso era un pecado y un crimen ofrecer o aceptar “mordida”. La rectitud, la coherencia y la honestidad no estaban sujetas a ser negociadas porque éramos, me decían, personas honorables. Mis abuelos y mis padres predicaron con un ejemplo que creo intachable.
Pero crecí. Conocí mundo y lo comparé inevitablemente con mi entorno. Y en la codicia y la corrupción rastreras encontraron explicación muchas taras, máculas que eran encontronazo diario con la prédica nacionalista: las colonias sin asfalto ni agua corriente; las muertes de miles de niños al año por enfermedades previsibles y curables; los tiraderos de basura a cielo abierto y la gente miserable que hurgaba en ella; el desabasto –y el desgano, el sempiterno aburrimiento pintado en la jeta de recepcionistas, enfermeras y médicos– en los hospitales del Estado, la malicia reptil (con perdón de víboras y cocodrilos) de los agentes de tránsito, la persistencia lunar de los baches. Y luego supe de Tlatelolco y otras masacres y estúpidos baños de sangre, y en el fanatismo ciego y enrabiado encontré respuestas a viejas preguntas: por qué maltrataban los maestros del colegio a los compañeros judíos, por qué se negaban los curas a la contracepción –por qué se metían en alcoba ajena–, por qué adoramos los mexicanos a crucificados, espinados, emparrillados, desmembrados. Por qué exaltamos el sufrimiento y no la realización, el martirio y no la plenitud. Por qué hacemos beatos a crueles, intolerantes gañanes que desorejaban maestros. Por qué nos contentamos con promesas de póstumas, celestiales y etéreas recompensas si nos las merecemos aquí y ahora.
Y sólo así, desde la óptica de la maldad y el vicio, entendí que un chacal, (con perdón de los chacales) desde un arzobispado o desde una curul legislativa, o desde su amplio despacho de director empresarial protege, con el pretexto que sea, a un violador de niñas. Entendí que nos hemos convertido en raza nefasta si es que alguna vez fuimos otra cosa, y estoy condenado, porque pertenezco a la misma especie, a un aborrecimiento absurdo. Vivo dividido entre el amor y la misantropía. Y a menudo gana la segunda. Como no me gusta el ruido, ni la fiesta, ni la tambora ni los rezos ni el futbol, me he ido aislando concienzudamente. De manera deliberada decidí vivir en un sitio más o menos recóndito, pero la estupidez, disfrazada de muchas otras cosas –el progreso, por ejemplo– siempre parece estarme pisando los talones. Siempre hay un imbécil que quiere hacer aquí, demasiado cerca, un desarrollito. Siempre hay un cretino insaciable que se piensa urbanista. Siempre mete su pezuña en mi quicio el mercachifle.
Hoy un imbécil vino a ofrecer terrenos cercanos a donde vivo para construir casas. Trajo a otro imbécil como él y fumaron, y posaron, y se palmearon las espaldas contando chistes idiotas. Allí escupieron las bachichas infectas de sus cigarrillos, venenosas. Contemplaron el paisaje y en lugar de árboles solamente vieron casas y avenidas y concreto, y el estúpido camión de la Coca surtiendo un Oxxo.
Hoy vino un imbécil y con una escopeta hizo disparos intentando matar conejos y chachalacas, y los pájaros se largaron y se llevaron sus trinos a otro lado, dejándonos más solos. Y cuando pedí a gritos que se fuera de aquí con sus armas y su delirio pendejo, me contestó con tiros al aire, plantándose, muy macho, aunque él y yo sabemos que si me encuentra con la Colt en la mano del susto le va a dar diarrea, porque con las armas no se juega pero hay que saber usarlas y todos sabemos para qué son.
Hoy vino un imbécil y se metió a mi casa por los anuncios de la televisión. Vendió en mi nombre, sin mi permiso, las riquezas de mi suelo. Del tuyo. Del nuestro. Porque le ofrecieron jugosas, secretas comisiones; porque tiene fuero y poder transitorios que él, siendo imbécil, percibe sin fecha de caducidad. Pero la fecha está allí. De nosotros depende su vigencia.